Los tiempos del cólera

Historia y origen de la salud pública en Tacoronte

En el año 1851, con motivo de la aparición del cólera morbo epidémico en Gran Canaria, las autoridades de Tenerife se alarman y toman toda clase de medidas imponiendo normas con el fin de que la epidemia no invadiera la isla. Tan pronto se conoce el hecho por la Junta de Sanidad de Las Palmas, en la isla tinerfeña se hace lo posible para impedir todo roce, trato o comunicación con cualquier embarcación de la isla vecina. Era alcalde de Santa Cruz Esteban Mandillo; de Tacoronte, Antonio María Rodríguez.

El hecho sensibiliza a las autoridades y no deja de ser un punto de partida para que en adelante se tome en consideración la importancia de la salud pública.
El suceso da lugar a que se implanten normas como estas:

  • Al menos una vez a la semana limpiar cada vecino la testada de calle que le corresponda, a cumplir desde el momento.
  • Extraer estiércoles y basuras (esto lo hacían los presos).
  • En toda casa vaciar las aguas de lavar y fregar a medida que se produzcan, vertiéndolas en puntos donde no queden empozadas.
  • Tener mucho cuidado en reparar, limpiar y poner expedito el curso de dichas aguas, de las de pozos inmundos, sumideros, corrales y patios.
  • Igual esmero se tendrá en asear, barrer, y ventilar las casas y sus dependencias.
  • Se prohíbe poner excrementos, estiércol y despojos de animales y vegetales en los patios o puntos de tránsito común de las casas e inmediaciones de las calles públicas.
  • No se harán crías de puercos, conejos, gallinas, pichones, etc., en patios u otros puntos poco espaciados y privados de aire.
  • Se previene sacrificar los animales enfermos e inútiles y enterrar los que hayan muerto en hoyos profundos a fin de que desaparezca la materia putrefacta.
  • No arrojar a las calles, caminos o plazas aguas inmundas o cualquier otro objeto fétido o insalubre, como basuras, desperdicios y demás que puedan alterar la composición del aire.
  • Está prescrito por la ley, aunque se recomienda a mayor abundamiento a los dueños de tabernas y comestibles, el aseo y limpieza de útiles, y el no tener vinos irritantes ni ácidos, ni comestibles nocivos a la salud. Se realizarán visitas parciales y generales, y se castigará a los infractores con todo rigor de ley.

En otro bando se ordena el aseo de las casas como una de las preservaciones más eficaces para libertarse del contagio y terrible azote que desgraciadamente aflige a la Isla de Canaria, de lo cual está amenazada la isla de Tenerife por su cercanía. En el aseo de las casas se entiende el albeo exterior e interior, por lo recomendado que se halla esta medida en tiempos epidémicos y contagiosos.

Se dispone que en el término de 8 días se ha de enjalbegar todo edificio y piezas del mismo que radique en el término jurisdiccional, en la inteligencia de que transcurrido el plazo señalado sin que se haya verificado por sus dueños, inquilinos o arrendadores, se nombrarán comisiones para que lo ejecuten a costa de los infractores.

El cólera morbo epidémico apareció en el barrio de San José de Las Palmas, y se declaró como de patente sucia cualquier procedencia de aquella isla, que no han de ser permitidas en puertos y costas de Tenerife. Se pasa oficio al alcalde de mar de Tacoronte, Sebastián Casilda, y al comandante de armas, José López. La vigilancia se reparte por toda la costa y por los barrios del término (centro del pueblo, el Marañón; desde la Placeta al barranco Álvaro Báez; Guamasa, el Monte y cuartel de la calle los Perales).

En un principio un centenar de personas fue invadido por el cólera, falleciendo 22 en Las Palmas, pero al parecer no se extendió a otros puntos. Más tarde el cólera estaba en 700 personas, sin que se pueda precisar el número de fallecidos.

La vigilancia de la costa de Tacoronte había avistado tres barcos de cabotaje procedentes de Las Palmas, sospechosos de arribar. Eso hace que se redoble la vigilancia de día y de noche, en los tres puntos principales: Guayonge, Puerto de la Madera y Juan Fernández. La vigilancia se reparte entre paisanos y militares (milicianos), se lleva un riguroso control y se dan partes de con o sin novedad, que se envían al gobernador civil, Antonio Halleg. Se avistaron otros barcos. Se produjo una denuncia calumniosa contra Tacoronte por supuesta falta de vigilancia, denuncia falsa que fue defendida por la corporación municipal.

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